Amigarse con la soledad: su importancia en el proceso de autoconocimiento

Pensar la soledad a menudo conlleva cierta sensación de pesar. Con frecuencia es temida, tiene “mala prensa”; quizás el famoso pasaje del Génesis la colocó en un lugar desafortunado porque “no es bueno que el hombre esté solo”, frase con variadas interpretaciones, ya que, si bien se podría literalmente considerar cierta, merece una reflexión sobre qué sería para cada persona “estar sola”.

En una época caracterizada por la exposición de la vida privada a través de imágenes, sobre todo en redes sociales, lo que se muestra da cuenta de una realidad acompañada y de interacciones cercanas, afectuosas. Es claro que no refleja la autenticidad de las relaciones que se establecen, es más, es probable que en muchos casos la distorsionen hasta el punto de convertirla en una ficción, en una puesta en escena, con el objetivo principal de exponer una realidad favorecedora.

Esto implica un doble riesgo, por un lado, creer que la realidad ajena es tal como se ve, y por el otro, y más importante aún, que esta cuestión afecte la propia experiencia a tal punto de buscar desesperadamente acercarse a ese modelo inalcanzable, dada su superficialidad.

Alejarnos de nosotros mismos

En la búsqueda de compañía es posible hundirse en una soledad más profunda, sólo que maquillada, disfrazada, soledad rodeada de personas que, a la vez, es probable que también se sientan solas, porque unir soledades no necesariamente es el camino para combatirla.

El distanciamiento de la persona con respecto de sí misma es la verdadera soledad, la soledad que podría considerarse negativa.

La soledad más profunda es aquella que sobreviene cuando en el afán de no estar sola, la persona construye una fachada para ser aceptada, querida, amada y con esa construcción se aleja de sí misma, sobreviniendo el verdadero distanciamiento.

Es posible establecer numerosas relaciones, pero si en ellas no se puede comunicar el yo real se produce el aislamiento más profundo, porque en realidad no se establece un contacto verdadero. Quien se relaciona es otra persona, la construida a tal fin, quizás por ello esos encuentros se tornan superficiales, produciendo cierta sensación de vacío.

La ayuda a través del Counseling

En la Consultoría Psicológica es frecuente que las consultas estén motivadas por el sufrimiento que produce la soledad.

Es maravilloso acompañar los procesos de counseling mediante los cuales gradualmente las personas van amigándose con su soledad, conectándose a través de ella, iniciando un camino hacia el autoconocimiento, que es posible a solas, sin ruidos, en la paz que propicia el redescubrimiento de su sí mismo. De esta manera, auténticamente, pueden descubrir quienes formarán parte de encuentros significativos y profundos.

Aún sin compañía, estar cerca de quien se es, sin distorsiones, sin máscaras, sin negar nada, aceptándose, relacionándose amorosamente con cada aspecto de su ser, permite acercarse a una soledad positiva, nutritiva, en la que es posible pensarse, en la que es posible descubrir aspectos escondidos de la propia vivencia.

Hallarse, encontrarse, es posible en soledad, y una vez producido ese encuentro fundamental, recién después se puede ir hacia los demás encuentros.

Fuente:

Asociación Argentina de Counselors
aac@aacounselors.org.ar
http://www.aacounselors.org.ar/

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